El sitio de la imaginación

Hoy, como prácticamente todo buen trabajador por cuenta ajena y en jornada intensiva me he echado una siestecita. No todos los días la echo, pero hoy con el bochorno que hacía y una comida ligera adecuada para este tipo de tiempo me ha parecido una alternativa a la aburrida tarde más que razonable. Si a esto le sumamos que siendo miércoles he tenido una reunión a primera hora con el jefe y me he tenido que levantar como todos los miércoles un tanto pronto para preparar la presentación, pues la verdad, es que estaba muy cansado y me ha venido bien.


No es normal que recuerde lo que sueño o las pesadillas por las que mi mente me hace pasar cuando duermo pero hoy ha sido diferente, me he levantado sudoroso, no sé si por el sueño / pesadilla o por el clima o debido 50% a cada una de ellas e hiperventilando, entiendo que por el susto que tenia encima……era el cumpleaños de uno de mis hijos, no me preguntéis de cuál porque no lo se, me había llevado mi mujer a un sitio para celebrar el cumple donde los niños decían que se lo pasaban «guay». Era un sitio que consistía simplemente en “imaginar”. Nos han hecho una visita al curioso establecimiento y que recuerde hemos pasado por 3 salas, no se si habremos pasado por más por que eso ya no lo recuerdo, pero si sé que tenía muchas más.

La primera de ellas era una sala oscura, con una especie de pizarra, el grupo de críos anteriores estaban sentados en mesas como de la terraza de cualquier bar de la calle, mesas altas con taburetes, tenían puesta una máscara y una persona les estaba contando lo que debían ver y sentir cuando comenzará la actividad, no tengo más detalles a parte de un fondo azul que proyectaba unos neones de la sala, que debían estar colgando del techo, y la oscuridad de la misma, que al menos a mí, que transmitía poca confianza

La segunda sala, no recuerdo mucho de ella, solo recuerdo una especie de montaña de arena por la que subía una especie de tren de vagones con una barra toda seguida y que creo era para que los críos se imaginaban que conducían algo y se movían. Yo he subido a la montaña por un lateral, empleando una especie de escalera fijada al suelo de arena y he llegado a la cumbre en la que me he quedado mirando atónito el susodicho tren, sin dar crédito a lo que me estaban contando.

De la tercera sala creo que me acordaba cuando me desperté, pero, aunque me puse a escribir este texto según me levanté se me ha olvidado. Solo sé que pase por esta sala pero no me han quedado detalles ni de esta ni del resto que se supone existían.

Era por la tarde, no habíamos comido y no nos habían dado ni una cañita y yo estaba sufriendo, no hacían más que contarnos lo bueno que era el sitio. No conocía los precios de aquello que me estaban vendiendo, no sabía cuánto narices costaban aquellas extrañas “atracciones” y le pregunté a mi mujer desde la lejanía con el lenguaje de signos al que estamos tan habituados. Ella se hacía la despistada y me decía que no me preocupase. Así pasó un rato, hasta que me dijo que cada una de las visitas a cada una de las atracciones costaba 250€ precio establecido tanto por el número de críos como por el número de atracciones contratadas….
En ese momento como digo ha finalizado la siesta veraniega, medio sufriendo y medio sorprendido he abierto los ojos asustado y pensando en la pasta que me iba a dejar. En ese mismo momento, ya completamente consciente he oído a mi hijo en la otra habitación que estaba jugando con los amigos a uno de los juegos de consola más extendidos a día de hoy y he respirado con cierta tranquilidad.

En ese momento he pensado, en contra de lo que muchos estamos acostumbrados a escuchar normalmente, 2 cosas
– joder menos mal que tengo al niño jugando a un juego “normal”
– qué necesidad tengo de usar un sitio como ese y además difícilmente imaginar (sin perjuicio de las actividades que aporten un valor a la misma), en un sitio como este que soy lo que no soy, los videojuegos ya me permiten imaginar multitud de cosas, puedo ser piloto de carreras, conductor de autobús, conductor de camion, puedo pilotar lanchas, puedo pilotar aviones, hasta cohetes espaciales sí quiero, en definitiva puedo conducir multitud de tipos de medios de transporte, pues ser un sheriff en el oeste o un guardián espacial de paseo por la galaxia en mi nave, puede ser un caballero de la edad media, incluso un mago, un nigromante o un elementalista, puedo viajar a otros mundos nunca explorados, puedo construir multitud de nuevas civilizaciones, puedo jugar a ser el dios que todos los humanos siempre han deseado, puedo convertirme en gestor de un equipo de fútbol, puedo gestionar un aeropuerto, puedo jugar a cualquier deporte o convertirme en dueño y/o entrenador de cualquier jugador de primera línea…..en fin hacer prácticamente lo que quiera, y ya se encargan las máquinas actuales de dotarnos del entorno adecuado para dejar poco a la imaginación y no hemos visto nada. Me acordé fugazmente de la película llamada “Ready player one” que divaga un poco sobre esta misma circunstancia.

En definitiva, que los videojuegos no son tan malos, ya te lo digo.

Saludos a todos y buen verano.

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